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Pacientes recuperados de COVID-19 iniciaron una campaña de donación de plasma

Una madre y su hijo padecieron la enfermedad, donaron plasma e iniciaron una campaña para sensibilizar a otros recuperados. Participaron de una reunión con concejales y destacaron la importancia de no perseguir a los enfermos y de cumplir con las medidas de protección.

Los alcances sanitarios y económicos del Coronavirus aún no están claros porque se desconoce la duración de la pandemia, pero ya se puede entrever que las consecuencias serán graves y perdurables.

Hay, no obstante, un tercer campo del que no se habla tanto como la Salud y la Economía pero que es igual de relevante. Se trata de la cuestión social o, puesto en términos más descriptivos, del modo en que cada uno de nosotros decide enfrentar a la enfermedad y sus males derivados; el miedo y la incertidumbre.

Hablar de “La peste” de Albert Camus a estas alturas sale sobrando. Aunque no viene mal reconocer que las personas, ante la encrucijada del miedo, pueden reaccionar de maneras antagonistas, de mostrar lo peor o lo mejor de la humanidad. Bien pueden aflorar el egoísmo y la cobardía como la generosidad, la valentía, la solidaridad o el altruismo, valores que muestran por qué el hombre es el epítome de cada cosa que existe.

En el primer grupo están quienes frente a la amenaza de la enfermedad difunden cadenas falsas por redes sociales, opinan sin información, señalan a enfermos como si fueran delincuentes o sencillamente siembran la inquina y el desánimo. En el otro extremo están las personas como Laura. 

Ella padeció Covid-19 y recibió muestras de cariño, solidaridad y compresión, pero también sufrió el acoso, la maledicencia y la intolerancia. “Me llamaban por teléfono para decirme que me iban a prender fuego la casa; me acusaban de ser mala madre por haber contagiado a mi hijo; a él lo acusaban de haber viajado a Buenos Aires; también comentaban que habíamos recibido visitas de otra ciudad en mi casa. Lo feo ya pasó y prefiero olvidarlo”, les dice a sus interlocutores en el Concejo Deliberante, donde fue invitada por Luciano Grasso.

Ninguna de esas acusaciones fue verdad pero en una sociedad híper-conectada que reproduce mensajes a la velocidad con que respira, hasta lo absoluto puede convertirse en relativo. Ya puesta a rodar, la mentira se ensancha cada vez que alguien la comparte. Y no hay aclaración, disculpa o nota al pie que alcance a deshacer el daño.

Aún así, no está en los planes de Laura anclarse en esas cuestiones. Prefiere señalar las muestras de afecto y empatía que recibió desde el 18 de abril cuando tuvo su diagnóstico de Covid-19.

Acompañan a Grasso en esa reunión de la Comisión de Desarrollo Social y Salud sus pares María Haydeé Condino, Andrés Mestralet y Facundo, el hijo de Laura, también recuperado de Covid-19. El encuentro busca amplificar la historia de Laura y acompañarla en su cruzada: que las personas recuperadas se conviertan en donantes de plasma para ayudar a los enfermos que lo necesiten.

“Donar es dar al otro algo propio. Es un acto solidario, de desprendimiento de uno mismo hacia los demás. Son actos simples, que multiplicados nos transforman en una sociedad mejor. Para Laura y Facundo fue sencillo. Es momento de seguir su ejemplo”, reflexiona Grasso.

Pacientes tres y cuatro

Laura manifestó síntomas inequívocos en los días previos a su diagnóstico, aquel sábado que nunca olvidará.

“Tuve fiebre alta durante dos días, dolor de cabeza y dolor de cuerpo. Enseguida llamé al 107 y de inmediato me hicieron el hisopado, me atendieron en el hospital, rápido y muy bien, con todos los elementos de protección que venía viendo en la televisión. Eso me dejó tranquila”.

Tuvo esperanza de que el test diera negativo pero, aún antes del resultado, “me daba cuenta de que algo no iba bien, no se parecía a una gripe común. Te duele la cabeza, la garganta, el cuerpo… dolores que se asemejan a una gripe pero, por otro lado, es un dolor de cabeza distinto, es un dolor de garganta diferente, el malestar corporal tampoco es parecido al de la gripe. Todos síntomas que padecí en otros momentos de mis 51 años pero amplificados de una manera que no es fácil describir”.

Al día siguiente sonó su teléfono. “Me llamó la doctora Florencia Bruggesser (infectóloga, integrante del comité local de seguimiento del Covid) y me dio el resultado”. Recuerda que sintió miedo. Más tarde un equipo del SISP arribó a su casa y testeó al resto de los convivientes. Su marido dio negativo y su hijo positivo. Facundo había tenido fiebre, dolor de cabeza y congestión dos días antes que su madre. También llamaron al 107 pero los profesionales no lo hisoparon porque, al ser alérgico y padecer sinusitis, no encuadra en lo que para esos días era la definición de caso sospechoso que determinaba el Ministerio de Salud de la Nación. 

La investigación epidemiológica determinó que el nexo de contagio fue probablemente la novia de Facundo, asintomática, cuyo examen serológico descubrió que tenía anticuerpos por haber padecido Covid-19 antes que su novio. 

#DONÁPLASMA

A estas alturas Laura decidió olvidar lo malo y centrarse en lo positivo de su experiencia, en las personas de buen corazón que la contuvieron, en los profesionales que la atendieron: “La doctora Bruggesser me llamaba dos veces por día para ver cómo estaba y me contuvo cuando tuve miedo por mi vida porque me faltaba el aire”. En agradecimiento a todos ellos se prometió que “si me recuperaba iba a buscar donantes de plasma”. 

El procedimiento se lleva a cabo en centros de hemoterapia con máquinas de aféresis. El más cercano a Tandil es el Hospital Regional de Mar del Plata. Laura aún no puede donar. “Tengo muy buenos anticuerpos pero mi sistema inmunológico quedó débil”. Pero hace veinte días acompañó a Facundo, su novia y su cuñada, todos recuperados. 

“Te atienden muy bien y es un lugar que no está dentro del hospital, la higiene es súper cuidada, los profesionales te explican todo y te agradecen porque es un acto de generosidad y que ayuda mucho. Lo feo de tener Covid lo podés transformar en un acto de amor por los demás. El plasma de mi hijo fue para cuatro pacientes de Ayacucho”.

Facundo asegura que el procedimiento no duele porque usan unas jeringas en extremo delgadas pero avisa que es aconsejable llevar algo para leer, o música para escuchar porque demora entre 45 minutos y una hora. 

Todo el proceso inicia en Tandil. Las personas recuperadas que desean donar plasma deben dirigirse o llamar al Servicio de Hemoterapia que conduce la doctora Susana Battistelli. Allí se hace una pequeña extracción de sangre que se deriva al laboratorio del Centro Regional de Hemoterapia de Mar del Plata para la medición de anticuerpos neutralizantes de Covid-19.

Battistelli explica: “Los donantes potenciales son todas las personas recuperadas que no hayan tenido síntomas en los 14 días previos. Las restricciones son las mismas que para la donación de sangre y, más específicamente, se agrega que no hayan pasado la enfermedad en terapia intensiva ni con problemas respiratorios graves”. 

El plasma de un donante promedio puede ayudar hasta tres pacientes y las mejoras son muy evidentes en la mayoría de los casos. “Se puede donar dos veces por semana hasta tres semanas seguidas, luego ya se debe tomar un descanso”. 

En vistas del crecimiento de casos y también de potenciales donantes, el Municipio evalúa la implementación de un mecanismo para intervenir en los traslados de ida y vuelta cuando sea necesario.

Laura asegura que hay pocos donantes y cree que se debe a lo mal que pasa la enfermedad, no por la afección en sí sino porque el daño psicológico de la persecución y la hostilidad de otras personas. Muchos de los recuperados no quieren ni oír hablar de Coronavirus por las secuelas del acoso inclemente que sufrieron. “No quieren saber más nada. No tienen voluntad de donar”, explica Laura.

Y aconseja desde su experiencia: “No es tiempo de buscar culpables ni de acusar, ni de criticar y menos de asustarse. Es momento de estar tranquilos y de apoyar a las personas que están enfermas. Hay que dejar actuar a los profesionales de la salud que son los que saben y permitir que las personas que están contagiadas transmiten la enfermedad en paz. Es muy importante para el enfermo estar tranquilo, porque la angustia te baja las defensas y si te persiguen por estar enfermo te sentís un leproso”.

No menos importante es extremar lo que está a nuestro alcance para disminuir el riesgo de contagio. “El barbijo bien puesto, que tape la boca y la nariz. Mantener distancia personal y lavado de manos frecuente. Si nos cuidamos entre todos vamos a pasar este momento espantoso”. Se asemeja a un aviso gubernamental pero es la recomendación de Laura. Y no parece tan difícil de cumplir.

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