Sociedad

Un siglo de radio: Suncho Hernández, la voz de la República de Villa Italia

El Gordo, la criatura que el ilusionista Marcos González hace actuar cada mañana desde la contratapa de El Eco para hipnotizar a los parroquianos del café, dice que gracias a la nostalgia podemos estirar el límite de la existencia en dirección inversa, algo sumamente necesario para quienes no pueden olvidar que inevitablemente el ovillo de la vida es cada vez más pequeño.

Siguiendo esa receta, Gastón Hernández, protagonista fundamental en la historia de la radio de tierra adentro, aunque los oyentes desconozcan su voz, vuelve a dibujar con palabras a su padre, un ícono de la bohemia tandilense del siglo pasado.

“Sí, tal vez de se trate de eso, de ir en busca de aquellos paraísos que ni conocimos, pero son nuestros tesoros, para construir un futuro luminoso”, responde, como mirando de reojo un espejo retrovisor imaginario y avanzando sonriente y orgulloso de ser el hijo de Suncho.

Después, como si fuera un avioncito de papel, nos lanza su carta, que pareciera la pieza que faltaba para conocer la maravillosa historia de esta caja mágica en el pueblo de Tata Dios.

Alberto Eduardo Hernández, así figuraba en su DNI, pero su nombre en algún sello decía Eduardo “Suncho” Hernández. Nacido en María Ignacia Vela el 13 de febrero de 1933, primero de ocho hijos de doña Paulina Acosta y Cándido Hernández.

Hijo de inmigrante, comenzó la escuela en Vela, luego, por cuestiones laborales, la familia fue trasladándose por el campo bonaerense. Estuvo en Rauch y en Tandil, donde cursó estudios en la recordada Escuela 80 de la avenida Machado, en Estación La Negra, en Azucena, (dónde jugó al fútbol en la cancha que estaba sobre 4 esquinas). Le decían “Carrizo” a Coco que era el apodo familiar de ese flaco alto de casi un metro noventa.

En el año 57 decide venirse a la ciudad a trabajar y dejar la zona agraria.  Metalúrgica Tandil lo recibe y ahí pasa algunos años.

La radio de Villa Italia

Con la llegada de los carnavales tandilenses a Villa Italia en 1959, Néstor Presa monta una red de altoparlantes en el recorrido del corso para que la musicalización y presentación se pudiera escuchar en las diez cuadras que tenía como recorrido la fiesta popular.

Quintana, Urquiza, Dufau y Dinamarca eran las calles en las que los vecinos podían sentir las alternativas del evento. Luego de los días de fiesta, se tomó la decisión de dejar esa red de sonido y aprovecharla para crear la primera “radio” del barrio. Se la denominó Radio Hertz. Tenía dos programas, uno al mediodía y otro al atardecer. Se propalaban las vicisitudes de la barriada y hasta actuaban cantores en vivo en el estudio ubicado en avenida Quintana 666.

La primera voz que se escuchó por la red fue la de Eduardo Suncho Hernández con el acompañamiento de Ana Ojea y del propio Néstor Presa. Luego llegaría Rubén Candelas con Publicidad Mirindia, una agencia de publicidad que tenía la sucursal de Radio Azul en Tandil, junto a Bosoberry y Viteta, en los altos del diario Actividades. Ellos realizaron la transmisión desde el club Santamarina de un concurso de cantantes que se emitió por Radio Azul.

Llegada a Unión y Progreso

Desde fines de los 50, hasta mediados de los 70,  Alberto Eduardo Hernández fue todo en la Sociedad de fomento: piletero, integró la comisión de patín, trabajó de electricista; llegó a vivir un tiempo dentro del club, en un cuartito detrás del escenario del viejo salón; pero su pasión fue el micrófono.

Estuvo allí en cada noche en la que Unión abría sus puertas para la comunidad. De día o de noche, te lo podías encontrar, siempre con un mate y un faso entre los dedos, así lo recuerdan con cariño en la barriada.

Fue el presentador y animador de grandes noches de aquella gloriosa década del 60 en la República. Sus palabras sirvieron de prólogo para las actuaciones de Palito Ortega, Leo Dan, Sandro, Argentino Ledesma, Julio Sosa, Piero, El indio Gasparino (Facundo Cabral) y todos los grandes conjuntos locales que nacían por aquella época: The Bats, con Pety Pisani a la cabeza era uno de sus preferidos y los del público por aquel entonces. El bagual conjunto de danza argentina, Bety Borjas y Francisco cacho Rivero.

Los grandes Carnavales de aquellas épocas y las elecciones de las reinas tenían su voz como maestro de ceremonias.

Un día, quizás el más recordado para él,  vino Tony Carrizo al club para una elección de la reina de Mar y sierras. Para ese entonces Suncho seguía siendo Carrizo, pero no por el ídolo de River sino por su impronta en el micrófono. Esa noche pudo compartir escenario con el gran Tony.

Fue quizás el primer DJ mezclando discos y haciendo micrófono en la red de parlantes que existía en esos tiempos en la ciudad, junto a su amigo Rubén Cacho González, en Tandil Propaganda.

Luego de la apertura de Radio Tandil, es convocado por Homero Fortunato para trabajar allí como operador en 1972. Se desempeñó en la parte técnica, allí no fue la voz de la radio, tuvo su lugar en la puesta en el aire de la emisora, siendo parte del staff y compañero de esas voces que hicieron la Radio durante tres décadas. Luego, en 1985, se trasladó junto a su familia a la planta transmisora de LU22.

Todas las mañana preparaba y editaba para la salida al aire el recordado programa Muy Buenas y con Licencia de su amigo Víctor Abel Giménez. Era un apasionado de la música, un estudioso del tango y del folclore.

Suncho fue un bohemio, transitó la vida con poco de lo material, lo justo y necesario; fue amigo; amigo de los amigos; vivió para Unión y Radio Tandil que fueron sus pasiones y sus hogares. Se fue joven, a los 66 años, en febrero del 99, pero el que lo conoció seguro lo recuerda. Nunca pidió un reconocimiento personal, ni al día de hoy lo tuvo. Alguna vez se escuchó que al salón viejo de Unión le pondrían su nombre, creo que él con el  escenario estaría conforme.

Sobre el autor de la nota

Esta nota fue realizada por Alejandro Latorre, Licenciado en Comunicación social que se desempeña en la Universidad Nacional del Centro desde 2005. Además desde 1999 trabaja en medios de Tandil y la región. Latorre documentó en un libro y lo sigue haciendo en una radio las voces de los obreros de la palabra en el sudeste bonaerense para rendirles un homenaje este año, cuando se cumple un siglo de la primera transmisión radial de Los locos de la azotea, el grupo integrado por los pioneros Enrique Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica.

 

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